Problemas en nuestros jóvenes, ¿priorizamos o no priorizamos?


Estamos en un mundo que va muy rápido, paseamos nuestras vidas de forma acelerada con múltiples preocupaciones y con la sensación de que no tenemos tiempo para todo. Hacemos muchas cosas pensando en lo que hacer después, sin disfrutar realmente lo que estamos haciendo en el momento. Pero ese no es el problema. El problema es que nos creemos que la vida es así, pensamos que la vida es justamente eso. Eso es lo realmente triste y así nos va.

El tiempo es lo que es, algo inmodificable, 24 horas al día, ni más ni menos. El problema lo tenemos las personas, las que administramos nuestro tiempo y lo más preocupante es que no estamos hablando únicamente del mundo de los adultos. Contagiamos este mundo acelerado a los jóvenes y adolescentes. Tenemos que pensar qué es lo que más nos importa a las personas, hemos de priorizar todas y cada una de las cosas y eventos que aparecen en nuestras agendas. Esto no es sencillo ya que priorizar implica decidir qué hacer y decidir qué no hacer. Eliminar las acciones que hasta ahora nos parecían rutinarias y necesarias pero que, tras hacer este ejercicio de priorización, resultan ser meras pérdidas de tiempo es difícil. Cuesta y cuesta mucho.

En cuántas ocasiones hemos dicho aquello de… “Lo primero es la salud”

–          ¿Nos hemos preguntado, alguna vez, qué hacemos en consistencia con ese enunciado?

–          ¿Priorizamos los hitos de nuestras agendas respecto a ese gran objetivo?

–          ¿Hacemos las cosas bien para demostrarnos que, realmente, lo primero es la salud?

Quizás sí o quizás pensamos que la salud es algo que depende más de la genética de cada uno y por ello “heredamos la salud”. Incluso existen aquellos que pensamos que la salud casi depende más del azar que de nosotros mismos, por ello cuando no toca lotería decimos aquello de… “¡salud que haya!”.

Ese bien tan preciado, depende más de nosotros mismos que de cualquier otro ente natural o del casino del azar. Infartos, enfermedades cardiovasculares, hipertensivas y otras enfermedades del momento como la ansiedad y la depresión. Enfermedades que más nos afectan, epidemias del siglo XXI, calamidades de los países más “desarrollados” e industrializados. ¿Qué hacemos en nuestro día a día para minimizar su aparición? ¿Somos coherentes con aquello de “la salud es lo primero”?

Como argumentábamos antes, estamos trasladando este mundo rápido y alocado a nuestros jóvenes. No hablamos de problemas únicos en el mundo adulto. Preparamos a nuestros adolescentes para este mundo rápido y cambiante, cargamos sus agendas con ocho horas de clases  (quién sabe cuánto de productivas), idiomas, cursos y clases extra-hiper-ultra no sé qué. Preparamos a nuestros jóvenes para “luchar” en un mundo que va a ser muy duro, ¡prepárense para la batalla de la vida señores! El día de mañana, quien no tenga dos carreras, cuatro masters y cinco idiomas va a ser un Don Nadie y no se podrá enfrentar a la vida. No hacemos otra cosa que crear desmotivación. Charlas lectivas cual arengas militares preparando a los jóvenes para “lo jodida que va a ser la vida”. Por supuesto que la educación es fundamental. No es discutible que los estudios, los idiomas y las especializaciones sean importantísimos para nuestros jóvenes.

Pero ¿la salud? ¿la motivación? ¿priorizamos o no priorizamos? Éste es el tema…

El enunciado del latín “mens sana in corpore sano” cobra aquí su más amplio sentido. Son muchos los estudios que avalan la capacidad del deporte para aportar motivación a las personas y no cabe ninguna duda de todos los beneficios que brinda el deporte a nuestra salud. En cambio, en los últimos veinte años la práctica del deporte se ha visto mermada en nuestros jóvenes, sobre todo en su etapa adolescente. Pero también hay muchos estudios que indican el rápido incremento de adolescentes tomando alcohol, tabaco y otras sustancias, desde luego, nada saludables. Es muy probable que estas prácticas tengan mucho que ver con la falta de motivación de nuestros adolescentes, ante la vida. Aunque tampoco hemos de generar una visión tan negativa de lo que depara a nuestros jóvenes. No todo es alcohol y tabaco aunque ello afecta directamente, en sentido contrario, a la salud.

También tenemos a muchos adolescentes absorbiendo horas y horas de televisión, jóvenes que dedican más tiempo a jugar al fútbol en la vídeo-consola que en el recreo del colegio y chavales que pasan más horas al día en Internet que con sus amigos. Nada de esto es negativo por sí mismo. Pero volvemos a lo de antes ¿priorizamos o no priorizamos?

Algunas de las prácticas anteriores son las que disparan el índice de sedentarismo en nuestra población joven, casi del 50% entre los 16 y 18 años de edad. Este índice de sedentarismo junto a los inadecuados hábitos alimenticios de los jóvenes en nuestros tiempos, son las causas principales de una enfermedad muy preocupante. Enfermedad que no hemos citado al inicio del artículo, pero que es incluso más problemática. La obesidad y, en concreto, la obesidad infantil.

Según las estimaciones de los estudios realizados, para el año 2030, el 37% de los hombres y una tercera parte de las mujeres serán partícipes de esta enfermedad. Una enfermedad en sí misma porque merma la esperanza de vida, pero además una enfermedad que despierta otras muchas como la hipertensión, la diabetes, los altos niveles de grasa en sangre, los problemas cardiacos cuando pasamos a ser adultos y un largo etcétera. Además de estas desventajas físicas, la obesidad infantil origina claras desventajas sociales y psicológicas en nuestros jóvenes.

Los niños españoles ya son los más gordos del mundo.

Por otro lado, hemos de tener en cuenta que ante la obesidad y el sobrepeso en edades jóvenes es mucho más efectiva y menos frustrante la prevención que el tratamiento a posteriori. Además hemos de tener en cuenta, que en edades tempranas, es bueno que nuestros jóvenes coman de todo. De nos ser estrictamente necesario, no deberíamos forzar a los adolescentes a realizar estrictas dietas similares a las de adulto. Basta apartar aquellas comidas “basura” que todos conocemos y toda esa legión de golosinas y bollerías industriales y realizar deporte de forma continuada.

De modo que, dada por supuesta una revisión de lo que nuestros jóvenes pueden “picotear” de los armarios de casa, la clave es el deporte. La OMS (Organización Mundial de la Salud) recomienda realizar, para notar los beneficios del deporte en la salud, unos 60 minutos de deporte de forma diaria. Por otro lado Pedro J. Benito, coordinador del proyecto PRONAF y doctor en Ciencias de la Actividad Física y el Deporte de la UPM, indica que la mixtura entre los ejercicios aeróbicos y los ejercicios con cargas en la misma sesión de entrenamiento es la mejor manera para perder peso y mantenerse en forma.

Niños y jóvenes no practican suficiente deporte.

 

 

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