La obesidad daña el área del cerebro encargada de controlar el peso corporal


Cuál es el origen de la obesidad y por qué cuesta tanto bajar de peso, son preguntas que hace tiempo busca responder la ciencia. Ahora dos estudios independientes muestran que la respuesta podría estar en el efecto que produce la ingesta de grasa en nuestro cerebro: no sólo inflama sus tejidos, sino que mata neuronas en el hipotálamo, zona que se encarga precisamente de regular el hambre, entre otras múltiples funciones.

Cada vez son más numerosas las personas que sufren una o más de las complicaciones adversas de la obesidad, como la diabetes tipo 2 y la enfermedad cardiaca. Hasta ahora, los fármacos diseñados para tratar la obesidad han demostrado una eficacia limitada y se han asociado con efectos secundarios graves, debido en gran parte a nuestro entendimiento limitado de los efectos de la obesidad en los mecanismos naturales de control de peso corporal. Estas son las conclusiones que se desprenden de un artículo publicado en el “Journal of Clinical Investigation”.

Un equipo de investigadores dirigidos por Michael Schwartz, de la universidad de Washington (Seattle), ha observado que, en los seres humanos y algunos modelos experimentales, la obesidad se asocia con daño neuronal en un área del cerebro crucial para el control del peso corporal, el hipotálamo.

Por otro lado, un segundo equipo de investigadores, dirigidos por Jeffrey Flier, del Centro Médico Beth Israel Deaconess (Boston), ha determinado que el volumen de células nerviosas del hipotálamo es inhibido por la obesidad.

Mientras que se han realizado grandes avances para comprender cómo el cerebro controla el deseo de alimentarse, así como los procesos que subyacen el equilibrio de la ingesta y gasto de energía, poco se sabía acerca de cómo la obesidad llega a alterar estos procesos.

Ahora podemos decir que las personas con dietas variadas y completas altas en vitaminas, minerales y ácidos grasos omega-3 son menos propensas a sufrir la degeneración del cerebro asociada con la enfermedad de Alzheimer que las personas cuyas dietas no contienen estas sustancias de forma abundante, tal y como pone de manifiesto un nuevo estudio publicado en “Neurology”, la revista médica de la Academia Americana de Neurología.

Las dietas ricas en ácidos grasos omega-3 y vitaminas C, D, E y vitaminas del complejo B también logran mejores puntuaciones en las pruebas mentales que si la dieta es baja en alimentos que contienen estos elementos. Los ácidos grasos omega-3 y la vitamina D se encuentran principalmente en el pescado; mientras que las vitaminas B y los antioxidantes C y E se encuentran principalmente en frutas y verduras. La suplementación nutricional también apoya y completa el aporte de estos micronutrientes fundamentales.

El estudio también demostró que las personas con dietas altas en grasas trans son más propensas a sufrir una reducción del volumen cerebral y tienen puntuaciones más bajas en las pruebas mentales y de memoria que las personas con dietas bajas en grasas trans. Las grasas trans se encuentran principalmente en la comida rápida, los fritos, los congelados, los productos de panadería y la margarina.

Por tanto se puede decir que una dieta rica contribuye a evitar que el cerebro sufra una degeneración relacionada con el Alzheimer.

Del mismo modo, una hidratación adecuada, ejercicio físico regular y un descanso reparador, contribuyen de forma clave al mantenimiento de la salud.

 

Artículo proporcionado por nuestro Responsable de Nutrición Cesar Castellanos. Cesar Castellanos está a tu disposición previa petición de cita en recepción.

 

 

 

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